miércoles, 14 de enero de 2009

EXHORTACION EN LA XCI ASAMBLEA PLENARIA ORDINARIA


SITUACION DEL PAIS Y RENOVACION ETICA



1.- Al comenzar un nuevo año civil, los arzobispos y obispos de Venezuela saludamos en el amor del Señor a todos los católicos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad de nuestro país. Reafirmamos nuestro compromiso con el pueblo venezolano de servirlo en aquello que, como sucesores de los Apóstoles de Jesucristo, es nuestra misión específica y nuestra razón de ser: llevarle la presencia de Señor Resucitado y su Evangelio, y compartir con todos, los dones de la salvación.

2.- Confiando en la promesa del Señor, “Yo estaré siempre con ustedes” (Mt. 28, 20), queremos responder decididamente a la invitación de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, reunida en Aparecida, Brasil, a realizar un trabajo intenso y prolongado de Evangelización en nuestro Continente y a llevar “nuestras naves mar adentro, con el soplo potente del Espíritu Santo, sin miedo a las tormentas, seguros de que la Providencia de Dios nos deparará grandes sorpresas” (DA, n. 551).

3.- Como ciudadanos venezolanos y Pastores de la Iglesia, tenemos el derecho y el deber irrenunciables de iluminar la vida social y el discernimiento ético de los cristianos y de las personas de buena voluntad, para defender los valores morales cuando éstos son gravemente lesionados y aportar criterios éticos para la acción que garanticen el bien común de las personas y de la sociedad. En este sentido, al emitir nuestra opinión sobre materia pública, que concierne a toda la sociedad, ejercemos un derecho humano reconocido universalmente y garantizado por la Constitución vigente en nuestro país.

UNA SITUACIÓN PREOCUPANTE

4.- El presente y el futuro del país están condicionados, tanto por la crisis financiera internacional, de cuyas graves consecuencias no estamos exentos, como por nuestra realidad nacional marcada por grandes problemas sociales y por un ambiente de confrontación interno, lleno de interrogantes e incertidumbres. En la realización de nuestra misión evangelizadora, estamos llamados a discernir la situación presente de nuestro país porque es en ella donde el Evangelio debe realizar su acción transformadora y salvadora en las personas que lo reciben y en sus entornos sociales y culturales.

5.- Percibimos en la Venezuela actual una crisis ética generalizada presente en todos los ámbitos de la convivencia social y que frecuentemente refleja un peligroso relativismo ético de funestas consecuencias.

6.- Vemos con tristeza la pérdida creciente del valor de la vida. La inseguridad personal se ha convertido en el principal problema de los venezolanos. Actualmente Venezuela es uno de los países más violentos del mundo y esta violencia tiene entre sus múltiples causas el tráfico y consumo de drogas, los asesinatos por ajustes de cuenta, el vil e inhumano negocio del secuestro y el aumento vertiginoso del sicariato. Pareciera que la vida humana no vale nada. Esta violencia se agrava por la ineficacia de los cuerpos de seguridad en la prevención y lucha contra la delincuencia y por la impunidad producto de las deficiencias del Ministerio Público y del Sistema Judicial.

7.- La vida cotidiana para muchos hermanos venezolanos se ha convertido en un verdadero drama: no encuentran en los hospitales los más elementales servicios de salud; carecen de viviendas dignas; no encuentran escuelas en condiciones apropiadas y la educación ha descendido en su calidad; los internos de las prisiones no tienen las condiciones mínimas para vivir humanamente; en contraste muchos funcionarios públicos gozan de altísimos salarios y desproporcionados beneficios económicos y algunos gobernantes y líderes políticos se dedican a asegurar mayores cuotas de poder, descuidando la función pública para la que fueron electos o nombrados.

8.- Un problema que no es de hoy, es la corrupción en la administración pública. Los ingentes ingresos por la venta del petróleo, la falta de controles institucionales, la falta de formación de la población para ejercer la contraloría social, pero, sobre todo, el bajo nivel de conciencia ética de dirigentes y empresarios ha incrementado a niveles alarmantes en los últimos años este fenómeno. La corrupción está presente en todos los estratos sociales, con el agravante que se ha debilitado en nuestro pueblo la recta conciencia moral, pues lamentablemente la corrupción en la administración de los dineros públicos no es sentida por la mayoría de la población como uno de los problemas graves del país; así lo reflejan muchas encuestas.

LA PAZ SOCIAL AMENAZADA

9.- La convivencia entre nosotros se ha deteriorado gravemente. La intolerancia, la exclusión, la descalificación y el insulto se han convertido en patrones de conducta cotidiana. Rechazamos el irrespeto de la dignidad y los derechos de las personas, entre ellas los Obispos de Venezuela, cuando emiten opiniones distintas a la posición oficial, también cuando por este mismo motivo se excluyen a hermanos venezolanos del ejercicio de cargos en la administración pública y de la recepción de muchos servicios sociales.

10.- En Noviembre pasado, el pueblo respondió cívicamente, mostrando su deseo de pluralismo, con una alta participación en los comicios regionales. Lamentablemente, en algunos casos, ha habido un desconocimiento de hecho de los resultados electorales, produciéndose actos bochornosos en las tomas de posesión de algunos gobernadores y alcaldes. Los bienes patrimoniales de las instituciones no pueden ser objeto de destrucción vandálica y de acciones fanáticas, mientras los poderes públicos, garantes del bien común, se muestran indiferentes ante esta situación.

11.- La enmienda a la Constitución, propuesta por la Asamblea Nacional a petición del Presidente de la República, para la reelección indefinida o postulación continua, en un primer momento para sí mismo y luego, extendida a las autoridades públicas elegibles por votación popular, presenta un aspecto ético donde como pastores tenemos una palabra que decir.

12.- Ya el pueblo en el referéndum del 2007 fue consultado y se pronunció contrario a la reelección indefinida. Nos preocupa que el intento de revertir esa decisión popular ya expresada, y además con una celeridad inusitada, se traduzca en una mayor confrontación política y social, afectando gravemente una paz ya debilitada.

13.- Habría que preguntarse si es lícito volver a consultar sobre una decisión ya expresada, cuando el art. 345 de la Constitución impide expresamente que una propuesta que no sea aprobada pueda presentarse de nuevo en un mismo período constitucional. En este caso la Constitución no se refiere al mecanismo a emplear o utilizar, reforma o enmienda, sino al contenido objetivo de la consulta.

14.-Por otra parte, el art. 6 de nuestra Constitución establece como principio fundamental del sistema de Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela el que éste sea alternativo. La alternabilidad implica que las autoridades, sobre todo las ejecutivas, no deben ser reelegidas ilimitadamente en sus cargos, para respetar la igualdad de oportunidades de los ciudadanos en el acceso a los mismos. El constituyente estableció los lapsos para el ejercicio de los mandatos y posibilidades limitadas de reelección a fin de impedir la perpetuación de un gobernante. El art. 340 prevé la enmienda que tiene por objeto la adición o modificación de uno o varios artículos de la Constitución sin alterar su estructura fundamental. La alternabilidad como principio fundamental del sistema de gobierno no puede ser objeto de enmienda por formar parte de los principios y estructura fundamentales de la Constitución.

15.- Hemos mencionado anteriormente los grandes problemas sociales que aquejan a los venezolanos, relacionados con la inseguridad física y jurídica, la salud, la vivienda, la educación y el trabajo. Mediante esta propuesta de enmienda para la reelección indefinida no se resuelven ninguno de esos problemas. La misma persigue una finalidad referida al poder y a su extensión en el tiempo y no a la superación de las carencias que sufre el pueblo, lo cual es impostergable.

NUESTRO COMPROMISO DESDE LA FE

16.- Cuando analizamos la preocupante realidad del país desde la misión que se nos ha confiado de llevar la luz y la esperanza de la Buena Noticia de Jesucristo a todas las personas, no podemos menos de lamentar el dolor en que están sumergidos tantos compatriotas y de comprobar que no se está favoreciendo soluciones reales a la crisis en que estamos inmersos, la cual abarca desde la situación económica hasta los enfrentamientos sociales y la crispación política.

17. Los católicos estamos llamados a convertirnos a Cristo y su Evangelio. Debemos volver nuestra mirada a Jesús, nuestro Maestro y Salvador. En Él descubrimos, además de nuestra dignidad y vocación a la santidad, el llamado a la fraternidad para la construcción de un mundo nuevo. Sin este encuentro con Él, todo esfuerzo sería inútil. “…porque separados de mi no pueden hacer nada.” (Jn. 15, 5)

18.- Por otra parte combatir esta realidad exige la voluntad política del gobierno, la convocatoria de todas las voluntades, un mayor compromiso del Poder Moral, el fortalecimiento ético de las instituciones públicas y privadas y el concurso de los Medios de Comunicación Social. Los Pastores de la Iglesia, como formadores natos de la conciencia moral de los cristianos, que son mayoría en este país, tenemos el deber de revisar a fondo nuestros programas religiosos y educativos, actualizarlos y emprender una formación religiosa y una catequesis mucho más renovada, ordenada a la iniciación cristiana y a dar solidez a nuestra fe. (Cf. Lc. 1, 4).

19.- En su actuación política, el cristiano no puede tener como único instrumento de análisis o de elaboración de su estrategia a las ideologías, mucho menos, a las de índole materialista, ya sea capitalista o marxista. Debe analizar críticamente la situación socio política y estudiar las diversas alternativas de solución a la problemática social. Desde un estricto sentido de fe, debe guiarse en su comprensión de la realidad y en su compromiso social y político por la Palabra de Dios y la Doctrina Social de la Iglesia.


CONVIVENCIA Y SOLIDARIDAD

20.- Todos los cristianos debemos empeñarnos a fondo en la creación de un clima nacional de convivencia y de solidaridad. La convivencia es posible entre nosotros. Y frente a la inminente crisis económica mundial, hacemos un llamado a que cada cristiano asuma actitudes de fraternidad, moderación en el uso de los bienes, austeridad y solidaridad con los más necesitados, particularmente con los excluidos, los enfermos, los marginados con quienes tenemos que vivir la solidaridad fraterna, con la conciencia de que en ellos está el propio Cristo: “Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de mis hermanos más pequeños, me lo hicieron a mi” (Cf. Mt 25, 40).

21.- Este llamado implica poner en primer lugar en la vida personal e institucional a los excluidos y empobrecidos. Todo lo cual, exige al cristiano plantearse su compromiso político desde una acción más profunda y radical, que vaya a las verdaderas causas estructurales del problema de la pobreza. Poner al pobre en primer plano significa no conformarse con acciones asistencialistas que son necesarias y hay que mantener en situaciones de emergencia, pero que asumidas como programas permanentes generan estado de dependencia y le impiden el necesario protagonismo, sin el cual no es posible superar la pobreza.

22.- A lo anterior se une la necesaria revisión y superación del modelo de desarrollo dominante, tal y como nos acaba de pedir Benedicto XVI en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este nuevo año. La Iglesia, tanto en Venezuela como a nivel mundial, ha rechazado el modelo capitalista neoliberal de desarrollo, pero igualmente el socialismo de Estado que se nos quiere imponer. Nuestro pueblo debe afrontar las causas de sus males con el protagonismo de la sociedad organizada, sin aceptar el falso mesianismo de un Estado todopoderoso o la mano invisible del Mercado.

23.- Al concluir este mensaje, no podemos dejar de pensar y deplorar el recrudecimiento del conflicto palestino-israelí con sus secuelas de destrucción, muerte y dolor en su mayoría de seres humanos inocentes. Imploramos a Dios ilumine la mente de los autoridades de ambos países a fin de detener la masacre y logren a través de un verdadero diálogo una paz estable y duradera para esos pueblos.

UNIDOS EN LA MISION

24.- La Misión Continental Evangelizadora que iniciamos este 14 de Enero, en la festividad de la Divina Pastora, en la ciudad de Barquisimeto, será ocasión propicia para sentir la fuerza y el dinamismo transformador de la vida nueva en todos los ambientes de nuestra nación, a fin de reafirmar la hermosa tarea recibida del Señor: salir al encuentro de todos para hacerlos discípulos de Jesús y darles a conocer el Evangelio.

25.-Ponemos en manos de Jesucristo, Buen Pastor, y de su Santísima Madre, Nuestra Señora de Coromoto, nuestras inquietudes sobre la situación del país y los frutos deseados de la Misión Renovadora a la cual hemos sido convocados.

Con nuestra bendición, y los mejores votos por un año lleno de satisfacciones, gracia de Dios y paz.
Los Arzobispos y Obispos de Venezuela

Caracas, 13 de Enero de 2009

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