lunes, 30 de junio de 2008

Inaugurado el Año Paulino


Con la celebración de la Santa Misa en la Parroquia San Pedro y San Pablo, fue inaugurado ayer en la Diócesis de Ciudad Guayana el AÑO PAULINO (2008-2009), año jubilar donde la Iglesia resaltará los valores de SAN PABLO, insigne apóstol que es ejemplo de conversión, quien entregó su vida para anunciar el Reino de Vida, de Justicia y de Paz.
Monseñor Mariano José Parra, acompañado por los Pbros. Carlos Devera (párroco), Luis Gaytán (Vicario Episcopal de Pastoral), Pedro Trujillo y Alirio Tarazona, acompañados por un nutrido grupo de feligreses, elevaron sus oraciones de acción de gracias, y en la cual, todo aquel quien se haya confesado y haya acudido a la celebración en la misma, pues le ha sido concedida indulgencia plenaria por lo dictado por SS Benedicto XVI.

Homilía de Mons. Mariano José Parra Sandoval
Síntesis: Maritza Espinoza

“….. Indudablemente es de destacar en esta celebración lo que significaron estos dos hombres para la conformación de la Iglesia cristiana desde sus comienzos; si bien es cierto que Cristo es la piedra angular, no se puede dejar de destacar a estos dos hombres como pilares fundamentales de la supervivencia de esa misma iglesia hasta nuestros días. Vamos a reflexionar con ellos sobre todo con Pedro (recordando que es el inicio del año Paulino, pero es la festividad de ambos la que se celebra hoy) cuando Jesús le pregunta a los apóstoles ¿Quién dice la gente que soy yo? A lo que Pedro inmediatamente responde <> Jesús le dice: “dichoso tu,..esto te ha sido revelado por mi Padre que esta en los cielos” y ¿ante una pregunta como esta, que contestaría cada uno de nosotros a Cristo?; nuestra respuesta sería por convicción o por costumbre, porque es lo que nos han enseñado o porque realmente le hemos descubierto; cuidado no hagamos como el apóstol que en su momento le niega tres veces en el momento crucial, pero que en su misma presencia reconoce la misericordia e igualmente le repite por tres veces lo mucho que le quiere, tanto que le hace parte de sí mismo y Jesús le reconoce ante el Padre, entregándole las llaves del Reino. Y san Pablo, conocido por todos como Saulo de Tarso, perseguidor de cristianos, quien en el cumplimiento de su deber y la ley, la cumplía a cabalidad, era lo que conocía y con lo que estaba comprometido, y a lo que se debía por entero deseaba aniquilar esa nueva secta conocida como los cristianos, jamás imagino que el encuentro con Jesús sería para él tan crucial y que desde ese encuentro llegaría a ser el discípulo N° 1 de Cristo, pues desde entonces le conoce y le acepta como parte de su vida, convirtiéndose Cristo en su razón de ser, y sus hermanos en la lucha ardua de la existencia para llevar la evangelización a todos; su vida estuvo dedicada desde ese encuentro a llevar a Cristo no sólo a los más cercanos sino a los lejanos de ahí sus incontables viajes misioneros. Si hoy se nos hiciera esta misma pregunta que responderíamos cada uno de nosotros a ella; realmente hemos sido transformados igual que ellos; ponemos nosotros a otros, primero en nuestras vidas, sólo admiramos a Jesús. Pedro y Pablo le aceptaron con todo lo que esto implica, no como muchas veces lo hacemos, en lo que no nos gusta algo, ahí, no vemos la acción de Cristo. Pablo, apegado a la ley se convierte a Jesús totalmente, en una circunstancia histórica en su momento; hoy nosotros tenemos una circunstancia histórica en la que si poseemos una fe sólida en Cristo y la iglesia fundada por él, no nos podemos tambalear por esos que dicen están formando una iglesia paralela a la nuestra; el conocimiento de Cristo nos debe llevar a mantenernos firmes en las tempestades. Pedro y Pablo entendieron que la predicación debía ser a plenitud y con ímpetu, como lo hizo Pablo ejemplo a seguir hoy sin temor, aunque se vio traicionado, burlado, encarcelado, en medio de visicitudes y tempestades en su vida nada le pudo apartar del seguimiento a Cristo, remo mar adentro; es el ejemplo que la iglesia nos pone como reflexión durante todo este año no solo conocerle sino imitarle para que seamos esos misioneros que la Iglesia actual tanto necesita.

Y desde aquí en este momento deseo hacer una reflexión con ustedes: no hay juventud, ni niños en nuestras parroquias que participen en ellas, debemos despertarnos porque la semilla del Reino ha de ser implantada por cada uno de nosotros; es el momento de decir: <<Señor, yo seré tu misionero, yo adquiero este compromiso en el inicio de este año Paulino, hoy estamos siendo retados todos, vayan, no tengan miedo, no importa que se burlen, que nos señalen; debemos remar mar adentro; sembrar la semilla, evangelizar a tiempo y a destiempo>>; pidamos, también en este día la protección de nuestra madre María, Inmaculada Concepción nos bendiga y acompañe en este camino que debemos recorrer. Amén”.


Benedicto XVI concede indulgencia plenaria para el Año Paulino
VATICANO (ACI).- “.. la indulgencia plenaria será concedida "a todos los fieles cristianos verdaderamente penitentes que, debidamente purificados mediante el Sacramento de la Penitencia y restaurados con la Sagrada Comunión, visiten píamente en forma de peregrinaje la Basílica papal de San Pablo" de Extramuros y "recen por las intenciones del Sumo Pontífice". "La indulgencia plenaria podrá ser lucrada por los fieles cristianos ya sea para sí mismos, ..“para los difuntos, con la salvedad de que se puede obtener la indulgencia plenaria solamente una vez al día"…"los fieles, además de elevar sus propias súplicas ante el Santísimo Sacramento, deberán devotamente recitar el 'Padre Nuestro' y el 'Credo', añadiendo pías invocaciones en honor a la bendita Virgen María y San Pablo. Y tal devoción debe estar unida siempre a la memoria del Príncipe de los Apóstoles, San Pedro"..“los que no puedan peregrinar a la Basílica de San Pablo de Extramuros, el decreto precisa que deben cumplir también las condiciones de la confesión sacramental, la comunión eucarística y la oración por las intenciones del Papa "excluyendo todo afecto hacia el pecado”; los fieles "podrán lucrar la indulgencia plenaria si participan devotamente en una sagrada celebración o en un ejercicio pío públicamente realizado en honor al Apóstol de Gentes: en los días de la solemne apertura y clausura del Año Paulino, en todos los lugares sagrados, en otros días determinados por el Ordinario del lugar, en los lugares con el nombre de San Pablo; y para la utilidad de los fieles, en aquellos designados por el mismo Ordinario". Para los impedidos por enfermedad o por otra "legítima y relevante causa, siempre con el ánimo desligado de cualquier pecado y con el propósito de cumplir las condiciones en cuanto sea posible, podrán también conseguir la indulgencia plenaria uniéndose espiritualmente a una celebración jubilar en honor de San Pablo, ofreciendo a Dios sus oraciones y sufrimiento por la unidad de los cristianos".


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